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Feminicidios: el silencio que se viste de memoria

Feminicidios: el silencio que se viste de memoria

El dolor de un feminicidio no termina con el último aliento de la víctima. Queda en los objetos que dejó atrás, en las prendas que alguna vez vistió, en los zapatos que ya no volverán a caminar. Esas pertenencias, que para muchos podrían ser simples recuerdos, se convierten en un testimonio mudo de una vida truncada, en un símbolo de la ausencia que duele más cuando la justicia falla. Con esta premisa, hace ocho años surgió *She’s gone* (*Ella ya no está*), un proyecto que busca visibilizar la violencia feminicida a través de la ropa de las mujeres asesinadas, transformando lo cotidiano en un grito silencioso pero contundente.

La idea nació cuando su creadora, una documentalista, conoció el caso de una mujer en Israel asesinada por su esposo, dejando huérfanos a dos niños pequeños. La crudeza de esa historia la llevó a reflexionar: ¿cómo hacer que la sociedad no solo vea, sino que *sienta* el vacío que dejan las víctimas? La respuesta fue simple en su concepción, pero poderosa en su ejecución: exhibir las prendas que alguna vez las cubrieron, ahora vacías, como un recordatorio de que detrás de cada estadística hay una persona, una historia, un nombre.

En México, el proyecto ha encontrado eco en colectivos como Ni Una Menos, que se han sumado a la recolección de estas prendas con un cuidado casi ritual. “Nos acercamos a las familias con respeto, con amor, porque sabemos que entregar esa ropa es un acto de despedida doloroso”, explica una de las cofundadoras del movimiento. Para muchas madres, hermanas o hijas, donar una blusa, un vestido o unos pantalones es una forma de honrar a sus seres queridos, pero también de exigir justicia. “No queremos que se olviden. Que la gente entienda que no son números, que eran mujeres con sueños, con familias, con vidas que importaban”, insiste otra activista.

Uno de los casos más emblemáticos es el de María de Jesús Jaimes Zamudio, una estudiante de Ingeniería Petrolera en el IPN que fue asesinada en 2016. Su madre, Yesenia Zamudio, donará el vestido que su hija llevaba el día de su muerte. Según su testimonio, María de Jesús fue violada antes de ser asesinada por uno de sus profesores, pero las autoridades intentaron encubrir el crimen, presentándolo como un suicidio. “Trataron de culparla a ella, como si su vida no valiera nada”, denuncia. Su caso, como el de tantas otras, quedó impune, pero su vestido ahora formará parte de esta exposición que busca sacudir conciencias.

Otra prenda que se sumará al proyecto es la ropa que Fernanda Michelle, hija de Dulce Contreras, llevaba puesta cuando fue asesinada. “Era una joven llena de vida, con planes, con ilusiones. Su muerte no puede quedar en el olvido”, afirma su madre, quien entrega el pantalón y la blusa con la esperanza de que su historia sirva para evitar que otras mujeres sufran el mismo destino.

*She’s gone* no es solo una exposición; es un acto de resistencia. Cada prenda cuenta una historia de violencia, pero también de lucha. Son prendas que ya no abrigan, pero que ahora visten una causa: la de recordar que, mientras el feminicidio siga siendo una realidad, ninguna mujer está a salvo. Y que, en un mundo donde los nombres de las víctimas se diluyen entre cifras, estas telas vacías son un recordatorio de que la justicia no puede esperar.

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